文档介绍:William Somerset Maugham
LA CAÍDA DE EDUARDO BARNARD
Aquella noche Bateman Hunter durmió intranquilo. Durante los quince
días de Tahití a San Francisco, en el vapor había estado pensando en la
historia que tenía que contar, y durante los tres días de tren se había
repetido interiormente las palabras con que trataba de contarla. Pero
dentro de unas horas estaría en Chicago y todavía le asaltaban las dudas.
Su conciencia, siempre muy sensible, estaba intranquila. No tenía la
seguridad de haber hecho mucho más de lo posible y, por su honor, debía
de haber hecho mucho más de lo posible; le atribulaba el pensamiento de
que en una materia tan estrechamente relacionada con su interés hubiese
permitido que éste prevaleciera sobre su quijotismo. El propio sacrificio
exaltaba de tal manera su imaginación que la imposibilidad de realizarlo
le desilusionaba bastante. Era su situación la del filántropo que, por
motivos altruistas, edifica una casa para los pobres y se encuentra con que
ha hecho un negocio lucrativo y que no puede evitar la ión que
siente viendo premiado lo que daba por perdido, pero con un extraño
sentimiento que desmerece su acto virtuoso. Bateman Hunter sabía que su
corazón estaba limpio, pero no se hallaba muy seguro de poder sufrir la
escrutadora mirada de los ojos azules y fríos de Isabel Longstaffe cuando
le explicara lo que sabía. Unos ojos que eran agudos y rantes. Ella
medía la conducta de los demás por su propia meticulosa alteza de miras,
y no podía haber mayor censura que el frío silencioso con que expresaba la
desaprobación de una conducta que no satisfacía su rígido código. Sus
juicios no tenían apelación, pues una vez que había decidido una cosa
nunca se volvía atrás. Pero Bateman tampoco la quería diferente. Amaba
no sólo la belleza de su persona, alta y esbelta, con ulloso porte de
la cabeza, sino más aún la hermosura de su alma. Con su sinceridad, su
rígido código del honor, le parecí